Recuperar el sentido de comunidad

Por Nelson Cardoso * 

Para el campo de la comunicación popular y comunitaria la noción de comunidad es un concepto muy caro y requiere ser analizado a la luz de una perspectiva histórica. Así como en determinados momentos históricos pareciera que se robustece la idea de un nosotros, nos interesa particularmente tomar este concepto en el contexto actual y advertir que nos encontramos atravesando un momento de fuerte disputa por el sentido de comunidad. Acaso un llamado de atención por la pérdida de dicho sentido, al menos en un sector de la sociedad argentina. Si bien la idea de comunidad no forma parte de las nociones o valores más amigables de la derecha, vienen siendo re significada, formando parte de la construcción del sentido común en las últimas décadas.

Como muchos conceptos de la Cs. Sociales, la comunidad es un término muy polisémico, se ha ido transformando a lo largo de tiempo y se resiste a ser atrapado en una única definición. No es la intención de este texto aventurarnos a alcanzar una definición; en todo caso, al menos aproximarnos a ciertos aspectos distintivos, como la idea de construcción o re construcción de los lazos sociales. Sergio De Piero arrima algunas pistas: “la pertenencia definida, cercana y no anónima, que favorece la formación de grupos y asociaciones de mutua colaboración. Se pertenece no como individuo anónimo, sino por adhesión a determinados valores o creencias compartidas. De ese modo la comunidad es el espacio de la solidaridad y el intercambio entre personas que se sienten vinculadas por lazos comunes”.

Experiencias históricas y emblemáticas, que formaron parte del rico y variado campo de la comunicación popular, comunitaria y alternativa, están plagadas de acciones y reflexiones en torno al valor y potencia de los lazos sociales y comunitarios. Solo por recuperar algunas, experiencias tales como los círculos de cultura de Paulo Freire, la comunicación grupal liberadora, las Comunidades Eclesiales de Base, del movimiento de la Teología de la Liberación en América Latina, las miles de experiencias de uso de los medios con visión comunitaria (medios gráficos, radiales y TV), entre tantas más que forjaron un sentido comunitario en cada contexto histórico. La comunidad como ese espacio concreto y simbólico que nos reúne, nos enlaza, nos hace reconocer a un otro/a, nos ata, hace entrar en comun-unión; es un valor en disputa, y no de ahora sino desde hace muchos años.

La comunidad como ese espacio concreto y simbólico que nos reúne, nos enlaza, nos hace reconocer a un otro/a, nos ata, hace entrar en comun-unión; es un valor en disputa, y no de ahora sino desde hace muchos años.

La última dictadura cívico-militar intentó ser el certificado de defunción de la idea de comunidad y de todo aquello que huela a asociacionismo, tejidos colectivos solidarios, participación y trabajo en lo social. El «no te metas» y el «sálvese quien pueda» calaron hondo en nuestra cultura, reforzando el individualismo y la fragmentación social hasta nuestros días.

Durante la década del ochenta, habiendo recobrado el sistema democrático, la incipiente comunicación comunitaria y popular mucho tuvo que ver,  ya que como indica Larisa Kejval, lo comunitario se refiere a “la reconstrucción de los lazos sociales resquebrajados luego de años de dictadura. Y la comunicación fue considerada una estrategia fundamental para encarar esa tarea”.

A partir de entonces, las políticas neoliberales implementadas en los noventa trajeron concepciones de la comunidad asociada al consumo. Por entonces nos invitaban a formar parte de comunidades de empresas: Movistar, Coto, Renault, etc. El consumo individual como camino para formar parte de un todo colectivo. Más que ciudadanos éramos invitados a ser consumidores, más que protagonistas, espectadores. Los Shoppings se alzaban como los nuevos templos del consumo. El país se dividía entre los que estaban adentro de los Shoppings y los que quedaban afuera: los excluidos del nuevo sistema.

Esta concepción consumista trajo aparejada una idea de lo comunitario vinculada a la beneficencia, en contraposición a una idea de solidaridad comunitaria como búsqueda de salida colectiva de transformación social. Aun en los peores momentos de crisis social y económica, se alzaron movimientos y organizaciones sociales, culturales y políticas que sostenían y acompañaban a los más necesitados con comedores populares, copas de leche, cooperativas y todo tipo de organización comunitaria.

Comprobamos que en distintos contextos sociales y políticos, la noción de comunidad como construcción de un “nosotros” fue perdiendo valor, dando lugar a otros sentidos más ligados al derecho a las libertades individuales por sobre los derechos colectivos. Una concepción de neo beneficencia que relaciona a las acciones comunitarias con ayudar a los pobres, repartiendo lo que a los ricos les sobra.

Este proceso de pérdida por goteo si bien es previa al actual contexto de pandemia, se puede palpar fuertemente en estos momentos, en reacciones de un sector de la sociedad; con cacerolazos, reuniones sociales, observando cómo se transita la vía pública sin mantener el protocolo de cuidados preventivos contra la COVID 19, etc.

Comprobamos que en distintos contextos sociales y políticos, la noción de comunidad como construcción de un “nosotros” fue perdiendo valor, dando lugar a otros sentidos más ligados al derecho a las libertades individuales por sobre los derechos colectivos. Una concepción de neo beneficencia que relaciona a las acciones comunitarias con ayudar a los pobres, repartiendo lo que a los ricos les sobra.

Dario Sztajnszrajber afirma que “lo que al principio de la pandemia y la cuarentena generaba responsabilidad cívica y cuidado del otro se fue volviendo una experiencia individualista. La gente se queda en su casa porque no quiere contaminarse y está totalmente pendiente, en estado así de delación y vigilancia policíaca de lo que hace el otro, de lo que transgrede”. Lo que se fue construyendo es la idea de un otro como amenaza permanente. Como en otras épocas, ese otro se volvió un agente de contagio del que hay que aislarse.

Hoy día se ve claramente la disputa por la idea de comunidad, respecto de cómo habitar el espacio público. Que exista un sector de la sociedad al que no le importe salir a la calle y contagiar al resto, pone de manifiesto un individualismo feroz e inhumano, diría el sociólogo Daniel Feierstein; no solo una falta de interés por uno mismo sino también por un otro/a.

El contexto actual, como hacía tiempo no sucedía, nos está mostrando un claro retroceso o pérdida en cuanto a la visión comunitaria o idea de comunidad que supimos construir. Un sector de la sociedad argentina está demostrando una imposibilidad de ponerse en el lugar del otro/a. “Este es un momento para detenerse y aprender las lecciones, a modo de llamado de atención, que nos deja la pandemia”, afirma la escritora canadiense Naomi Klein, “todo está roto, el planeta, la relación con la naturaleza, las relaciones colectivas, los lugares de cuidado”.

Desde el campo de la comunicación popular y comunitaria debemos advertir sobre este proceso de pérdida por goteo de la idea de comunidad; y, al mismo tiempo, admitir que, una vez más, son ellas las que están salvando al mundo. La pandemia, exhibe una vez más, las consecuencias de no haber podido construir una comunidad más sólida.

La comunicación comunitaria y popular, hoy más que nunca, está llamada a recomponer y recuperar el sentido de comunidad y que desarme la idea de ese otro/a como sujeto amenazante. Que recobre el derecho que todos y todas tenemos a un buen vivir en comunidad.


* Docente UBA/UNLaM/UNTREF

Fotografía de portada por Julieta Otero/ANCCOM